Pocos temas son tan espinosos y dividen tanto a la afición mexicana como la Selección Nacional y más en época mundialista. Desde quiénes conformarán la lista final de seleccionados hasta el porqué de dichas decisiones, los técnicos siempre se ven envueltos en grandes polémicas que terminan desgastándolos de una forma voraz.

Ejemplos de lo anterior hay muchos a lo largo del tiempo y para muestra un botón: ¿Por qué Mejía Barón no metió a Hugo contra Bulgaria?, ¿Por qué Lavolpe no llevó a Cuauhtémoc en 2006?, ¿Por qué Aguirre prefirió a ‘Guille’ Franco sobre Chicharito en Sudáfrica 2010? Pero pocos entrenadores habían despertado tanta polémica como Juan Carlos Osorio.

Desde su llegada a México, el colombiano ha demostrado ser un técnico completamente diferente a lo que estamos acostumbrados en nuestro país. Con un método de trabajo poco usual que le ha generado un sinnúmero de detractores, sus famosas rotaciones todavía no son comunes en nuestro futbol y por ende tendemos a calificarlas como extrañas e incluso absurdas.

Sin embargo, si el funcionamiento del equipo deja dudas, los resultados lo avalan, ya que irónicamente si uno revisa los números del colombiano estos son impecables y envidiables, pues desde la época de Ricardo Lavolpe al frente de la Selección, el Tri no tenía un pase al Mundial tan tranquilo. Situación que hasta parece nos cayó de extraño, pues ya estábamos acostumbrados a sufrir lo indecible rumbo al Mundial.

Los pecados de Osorio son claros: Ser extranjero (por más que se diga que no influye, la gente siempre va a preferir a alguien “Hecho en casa”) aquel 7-0 frente a Chile en Copa América (un resultado accidental, pues si Chile y México se vuelven a enfrentar 10 veces, no vuelven a quedar de esa manera), la caída en Copa Confederaciones contra Alemania (a la cual nunca se le ha ganado un partido oficial en Selección mayor), la eliminación en Copa Oro (certamen al que se llevó un cuadro B, debido a que los titulares disputaban Confederaciones), que esta Selección no juegue “todo lo que puede ofrecer” (misma generación que estuvo a punto de no calificar a Brasil 2014), las rotaciones (aún cuando entrenadores como Guardiola y Joachim Lowe han empezado a utilizarlas), usar a jugadores en posiciones diferentes (a pesar de que varios estrategas hacen lo mismo) y no vender (Osori0 no se presta para salir en comerciales como lo hacía Miguel Herrera).

Pero también habría que señalar que Osorio no ha sido el único culpable de los descalabros, pues los seleccionados también tienen culpa, ya que en muchas ocasiones llegamos a pensar que tenemos jugadores mucho mejores de lo que en realidad son. Aunque ellos casi nunca son señalados.

Así, hoy, la Selección de Osorio genera un mundo de dudas en cuanto a funcionamiento, pero a punta de ser justos, tendríamos que juzgar al colombiano hasta después de Rusia 2018, ya que si por una u otra cosa Osorio consigue el tan ansiado quinto partido, sus detractores tendrán que comerse sus palabras. Pero si se consuma el fracaso que muchos están esperando, nadie lo salvará de la vorágine que se vendrá sobre de él.

Lo cierto es que a tan sólo unas cuantas semanas de que dé inicio Rusia 2018, el Tri se la jugará con un hombre que ya es el enemigo público número uno, pero al que espero en un futuro no le tengamos que decir: ‘Perdónanos Osorio‘, si es que hay problemas para calificar al Mundial o si en otro país las rotaciones sí funcionan.