Cuando todos somos niños, empezamos a conocer el deporte más popular llamado futbol, tenemos que asumir la responsabilidad de tener un favorito, ya sea nacional o internacional. A partir de este momento nuestra vida deportiva se transforma, nos ponemos la camiseta, defendemos a capa y espada a nuestro favorito. Pero aquí entran los detalles, y porqué le llamo detalles. Bueno, hoy nos vamos a enfocar solamente en el aficionado común y corriente, aquel que compra una playera, aquel que apuesta, aquel que defiende con argumentos, la mayoría estériles, aquel que se ciega y no ve lo objetivo del desempeño de su equipo. A ese tipo de aficionado hoy nos enfocaremos.

Desde que nos inculcan la pasión por el futbol, la mayoría de las veces, desde niños las primeras palabras son gritar el nombre de nuestro equipo, ver los juegos por televisión, tener ídolos, ponernos el uniforme, al jugar, sentimos ser el jugador que más nos agrade y no recibir un comentario negativo hacia nuestros colores, porque montamos en cólera y no somos responsables de nuestras palabras. Por lo general es el perfil de un aficionado. Pero tenemos a otros, que son creyentes del balompié, que sí llegan a comprar una playera, que se van con los amigos al estadio o tienen reuniones caseras para ver el partido, pero eso sí, también son renuentes a que les hablen mal de sus favoritos, sus argumentos son sin sentido constructivo pero los vierten como verdad absoluta, es más todos son conocedores, entrenadores, directivos y sobre todo excelentes jugadores. Así son esas citas en cafés, bares, restaurantes, casas, oficinas, escuelas, como se pueden dar cuenta, en cada rincón del mundo hay un ENTRENADOR.

Hay otros que aceptan todo tipo de comentarios, destructivos, constructivos pero que vierten comentarios objetivos sobre el accionar de su equipo, esos aficionados son pocos, están metidos en su mundo pero no son ajenos al deporte y tienen sus preferidos.

Que queremos decir con esto, que el aficionado al futbol, debe entender que este deporte es una analogía con la vida que en las dos partes hay reglas que se tienen que cumplir, que hay castigos cuando los tienen que haber, que habrá días felices y días no tanto, que la sociedad será quien nos juzgue por nuestras acciones, cuando el aficionado entienda eso, probablemente hablemos de una cultura hacia este deporte universal en el cual tras un partido aprendamos algo y nos deje enseñanza positiva para el futuro, para legar a los que vienen detrás de nosotros y no llegar a escuchar a un pequeño decir: “papá, creo que mejor me voy a cambiar de equipo”, como en una ocasión me dijo mi hijo, tras una etapa fatal del equipo al que respeta y admira sus colores, pero como en alguna ocasión tras varios años me refirió, “en las buenas y en las malas más con el equipo”, así de sencillo debe ser la vida de un aficionado.